Cuando trabajamos con cables y conexiones eléctricas, hay pequeños detalles que marcan una gran diferencia en el resultado. Uno de ellos es proteger bien cada unión. Aquí entra en juego el tubo termorretráctil, una solución sencilla que nos permite aislar, reforzar y proteger cables con un acabado limpio.
Lo encontramos en instalaciones eléctricas, reparaciones, automoción, electrónica y muchos trabajos de mantenimiento.
Ahora bien, ¿qué es exactamente?, ¿cómo funciona?, ¿qué medida debemos elegir?
Vamos a verlo paso a paso.
El tubo termorretráctil es una funda fabricada con un material plástico diseñado para reducir su diámetro cuando recibe calor.
Lo colocamos alrededor de un cable, empalme o conexión y aplicamos calor. El tubo se contrae y queda ajustado a la pieza. De esta forma conseguimos una capa protectora compacta, sin necesidad de enrollar varias vueltas de cinta.
Su uso resulta muy práctico cuando queremos:
Para conseguir un buen resultado debemos escoger bien el diámetro, el ratio de contracción y el tipo de tubo.
El ratio nos indica cuánto puede reducirse el diámetro del tubo al aplicar calor.
Por ejemplo:
No conviene elegir un tubo enorme pensando que después se adaptará a cualquier cable. Si el diámetro inicial es excesivo, puede que el tubo no llegue a abrazar bien la conexión.
Calcular mal la medida es uno de los errores más habituales al escoger termorretráctil.
Aunque suele relacionarse con trabajos eléctricos, sus usos van más allá de cubrir un simple empalme. Su función cambia según el tubo elegido y las condiciones del trabajo.
Uno de sus usos más comunes es cubrir empalmes y conexiones para evitar contactos accidentales.
Una vez contraído, el tubo crea una barrera alrededor de la zona protegida. Así podemos mejorar el aislamiento y reducir el riesgo de que partes conductoras queden expuestas.
Lo utilizamos, por ejemplo, para:
El resultado queda compacto y ordenado, algo muy útil cuando disponemos de poco espacio.
El termorretráctil también aporta protección mecánica.
Puede ayudar a reducir el deterioro provocado por roces, dobleces, vibraciones o tirones sobre una conexión. Esto resulta interesante en cableado sujeto a movimiento o en zonas en las que un empalme puede sufrir desgaste.
Cuando necesitamos proteger una unión frente al agua o la humedad, debemos prestar atención al tipo de producto.
En estos casos recomendamos valorar un tubo termorretráctil con adhesivo interior. Al calentarlo, el adhesivo contribuye a sellar la zona protegida.
Elegir un tubo estándar para una conexión expuesta al agua puede dejarnos una protección insuficiente.
Los tubos termorretráctiles de colores también nos ayudan a organizar instalaciones.
Podemos utilizar distintos colores para:
En trabajos con bastante cableado, esta pequeña ayuda facilita futuras revisiones y tareas de mantenimiento.
No todos los trabajos requieren el mismo tubo. Antes de elegirlo conviene revisar dónde vamos a instalarlo y qué necesitamos proteger.
Estas son nuestras: tubos termorretráctiles en Cadena 88 Te recomendamos comparar medidas y características según el trabajo.
El primer dato que debemos comprobar es el diámetro.
El tubo tiene que ser lo bastante ancho para pasar por el cable, conector o empalme antes de calentarlo. Al mismo tiempo, debe poder contraerse hasta quedar bien sujeto.
También debemos revisar:
Hay un detalle que a veces se pasa por alto: la pared aumenta de grosor cuando el tubo se contrae. Esto puede hacer que la zona quede más rígida de lo previsto.
Además, conviene cortar algo más de longitud. El tubo puede sufrir una pequeña contracción longitudinal durante la aplicación de calor.
El entorno también importa.
Un tubo destinado a una instalación protegida no tiene por qué ofrecer las mismas prestaciones que uno colocado al aire libre.
Antes de decidirnos conviene preguntarnos:
Para exteriores debemos comprobar la resistencia a los rayos UV. Si queremos proteger una conexión frente a humedad, podemos elegir un modelo con adhesivo interior.
La instalación es sencilla, pero hay varios errores capaces de arruinar el trabajo.
Nosotros recomendamos seguir este orden:
Siempre que podamos, es preferible usar una herramienta que nos permita controlar y repartir el calor.
Hay fallos que vemos repetirse con frecuencia.
El más clásico es soldar primero y acordarnos después del tubo. Si no podemos pasarlo por el otro extremo, tendremos que desmontar o repetir la unión.
También conviene evitar:
Repartir el calor ayuda a conseguir una contracción uniforme y un acabado mucho más limpio.
La cinta aislante tiene usos válidos, sobre todo en reparaciones o trabajos concretos. Sin embargo, cuando buscamos una protección compacta y pensada para permanecer instalada, solemos preferir el termorretráctil.
En nuestro día a día destacamos varias diferencias:
Esto no significa que debamos descartar la cinta aislante. Cada solución tiene su lugar. La elección depende del tipo de reparación, el entorno y la duración que esperamos de la instalación.
Puede aportar calor, pero una llama directa aumenta el riesgo de quemar o deformar el material. Preferimos aplicar calor de forma controlada y repartirlo alrededor de todo el tubo.
Debemos medir la parte más ancha por la que tendrá que pasar el tubo y comprobar su diámetro final tras la contracción. El objetivo es que entre antes de calentarlo y quede bien ajustado después.
Lo valoramos cuando queremos aumentar el sellado de una conexión, en especial si existe riesgo de entrada de agua o humedad.
El tubo termorretráctil es una solución sencilla para aislar, proteger, reforzar y organizar cables y conexiones. Su buen funcionamiento depende de algo básico: elegirlo bien y aplicar el calor con cuidado.
Antes de instalarlo debemos revisar el diámetro, el ratio de contracción, el material y las condiciones del entorno. Y conviene recordar ese pequeño detalle que tantos trabajos obliga a repetir: el termorretráctil se coloca en el cable antes de hacer la unión.
Con una buena elección conseguimos una protección duradera, compacta y con un acabado profesional.
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