El otoño es un buen momento para revisar árboles, arbustos y setos, retirar partes secas y preparar muchas plantas de cara a los meses fríos. Pero antes de empezar conviene tener claro que cada corte necesita una herramienta de poda adecuada.
Una rama fina, una rama de tres centímetros y una rama situada a cuatro metros de altura plantean trabajos distintos. Por eso, cuando elegimos herramientas para podar, nos fijamos en tres aspectos: el grosor de la rama, su altura y el tipo de corte que queremos realizar.
Usar una herramienta adecuada nos ayuda a trabajar con control, hacer cortes limpios y reducir esfuerzos innecesarios.
Nuestro equipo básico dependerá del jardín y de las plantas que tengamos. En la mayoría de casos trabajaremos con tijeras de poda, podaderas, serruchos, cortasetos o herramientas telescópicas.
Esta tabla nos sirve como referencia rápida:
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Tipo de trabajo |
Herramienta recomendada |
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Tallos, flores secas y ramas finas |
Tijeras de poda a una mano |
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Ramas medianas de hasta unos 30 mm |
Tijeras de dos manos o podaderas |
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Ramas gruesas |
Serrucho o sierra de poda |
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Ramas situadas en altura |
Pértiga o tijera telescópica |
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Setos y arbustos |
Cortasetos |
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Ramas de gran sección o troncos |
Motosierra de poda |
El diámetro es una buena primera referencia, aunque también debemos valorar el estado de la madera. Una rama verde y flexible no se comporta igual que otra seca y dura.
Las tijeras de poda son nuestras aliadas para los trabajos de precisión. Las usamos en tallos finos, flores secas, rosales y ramas de poco grosor.
Para madera verde o viva solemos optar por tijeras tipo bypass. Sus hojas se deslizan una junto a otra y permiten conseguir un corte limpio. Esto ayuda a no aplastar el tejido de la planta.
También debemos fijarnos en la comodidad del mango. Si tenemos bastantes plantas que revisar, una tijera incómoda se acaba notando en la mano y la muñeca.
Cuando aumenta el diámetro de la rama necesitamos más palanca. Aquí entran en juego las tijeras de dos manos, también llamadas podaderas o cizallas.
En nuestro caso las consideramos una buena opción para ramas de hasta unos 30 milímetros, siempre que la capacidad de corte indicada por el fabricante lo permita.
Sus mangos largos nos ayudan a ejercer más fuerza sin forzar tanto las manos. Son muy útiles en árboles pequeños, arbustos leñosos y trabajos de mantenimiento del jardín.
Si tenemos que apretar en exceso para cerrar la herramienta, conviene parar. Probablemente necesitamos pasar al serrucho.
El serrucho entra en escena cuando unas tijeras ya no pueden hacer un corte limpio.
Lo usamos en ramas gruesas y pequeños troncos. Su hoja permite trabajar la madera sin tener que ejercer la presión que exigiría una podadera.
Aquí preferimos hacer un corte controlado antes que insistir con una herramienta demasiado pequeña. Forzar unas tijeras puede dañar el filo, dejar un corte irregular o provocar que perdamos el control.
Cuando la rama está fuera de nuestro alcance, una herramienta telescópica puede evitar posturas incómodas y el uso de una escalera.
Las pértigas de poda y las tijeras telescópicas resultan útiles en árboles frutales y ornamentales. Nos permiten trabajar desde el suelo en muchas situaciones.
IMPORTANTE: Antes de cortar comprobamos dónde caerá la rama y dejamos libre la zona inferior. Si la altura o el tamaño de la rama hacen difícil controlar el trabajo, es preferible recurrir a un profesional.
Para perfilar un seto no necesitamos realizar cientos de cortes individuales con unas tijeras pequeñas. El cortasetos está diseñado para ese trabajo.
Podemos elegir entre modelos manuales, eléctricos, de batería o gasolina según el tamaño del jardín y la superficie que tengamos que mantener.
Lo usamos para nivelar, dar forma y corregir el crecimiento de arbustos y setos con follaje. En cambio, si encontramos una rama gruesa dentro del seto, cambiamos de herramienta.
La motosierra de poda queda reservada para trabajos de mayor envergadura.
No debería ser nuestra primera opción para cualquier rama gruesa. Una podadera o un serrucho ofrecen mucho más control en cortes pequeños y medianos.
Cuando trabajamos con árboles grandes, ramas pesadas o zonas de acceso complejo, debemos valorar además nuestra experiencia y las condiciones de seguridad. Hay trabajos en los que merece la pena contar con personal especializado.
Antes de sacar las herramientas, observamos la planta.
Nos interesa comprobar:
También conviene evitar trabajos de poda cuando las condiciones no son adecuadas. El exceso de humedad, las lluvias o la llegada de heladas pueden hacer recomendable aplazar ciertos cortes.
La poda forma parte de un conjunto más amplio de cuidados estacionales. Si queremos organizar el resto de tareas, podemos consultar nuestra guía práctica para preparar el jardín para el otoño-invierno.
Así mantenemos cada tarea dentro de su momento y evitamos concentrar todo el trabajo en un solo día.
Una buena herramienta pierde gran parte de su utilidad si el filo está deteriorado o sucio.
Antes de podar revisamos las hojas y comprobamos que no tengan restos de resina, tierra u óxido.
Un filo en buen estado requiere menos presión y deja un corte más limpio. También mejora el control de la herramienta.
Después del trabajo retiramos los restos vegetales y guardamos las herramientas secas.
Este paso merece atención.
Nosotros recomendamos limpiar y desinfectar los filos con alcohol antes de cambiar de planta, sobre todo si hemos trabajado sobre un ejemplar con síntomas de enfermedad.
Es un gesto sencillo y puede reducir el riesgo de trasladar patógenos con la propia herramienta.
Podar implica trabajar con filos, ramas pesadas y, en ocasiones, elementos situados sobre nuestra cabeza.
Por eso utilizamos guantes resistentes y gafas de protección cuando el trabajo lo exige.
También evitamos:
La herramienta correcta facilita el trabajo, pero debemos mantener el control del corte en todo momento.
Muchos problemas aparecen por intentar resolver todos los trabajos con la misma herramienta.
Entre los errores que vemos con más frecuencia están:
Una regla sencilla nos ayuda a decidir: si tenemos que forzar el corte, revisamos el diámetro y cambiamos de herramienta.
Para tallos y ramas de poco grosor solemos utilizar tijeras de poda a una mano. En ramas verdes preferimos modelos bypass porque permiten un corte limpio.
Podemos pasar a una podadera cuando el diámetro aumenta. Si la rama supera su capacidad de corte, utilizamos un serrucho o una sierra de poda.
Una pértiga de poda o una tijera telescópica nos permite alcanzar muchas ramas desde el suelo. Debemos dejar libre la zona de caída y asegurarnos de mantener el control.
Sí. Recomendamos limpiar y desinfectar los filos antes de pasar de una planta a otra. Podemos utilizar alcohol para reducir el riesgo de transmitir enfermedades.
Para un jardín doméstico, un equipo formado por tijeras de mano, podadera de dos manos y serrucho cubre buena parte de los trabajos. Podemos añadir un cortasetos o una pértiga si el tipo de vegetación lo requiere.
No necesitamos acumular herramientas. Necesitamos escoger la adecuada para cada corte.
Para las ramas finas usamos tijeras de mano. Si aumenta el grosor, pasamos a una podadera. Para ramas más grandes recurrimos al serrucho y, cuando trabajamos en altura, valoramos una pértiga telescópica.
También cuidamos el filo, desinfectamos entre plantas y usamos los elementos de protección necesarios.
Con este criterio podemos afrontar la poda en otoño con más control, menos esfuerzo y herramientas adaptadas al trabajo que tenemos delante.
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